Mesa redonda sobre idiomas

Una herramienta imprescindible para acceder al mercado laboral

Un alto nivel de inglés y saber una tercera lengua pueden convertirse en las mejores bazas para lograr empleabilidad en un entorno cada vez más globalizado.

Encarnación Pérez, José Ma González-Alorda, Marta Fernández, Auxiliadora Espinar y Norbert Busch.

En la sociedad actual no es solo imprescindible saber inglés, sino que empieza a ser muy recomendable aprender una tercera lengua para ganar competitividad en el terreno laboral. Así lo consideran los expertos que ABC ha reunido para debatir sobre idiomas, y que han planteado también que suban los niveles de exigencia para los jóvenes universitarios.

En el encuentro han participado Norbert Busch, Director del Instituto de Idiomas de la Universidad de Sevilla; Auxiliadora Espinar García, subdirectora de Política Lingüística y Movilidad de la Universidad de Sevilla; Marta Fernández Portillo, responsable Escuela de Español de EUSA; José María González-Alorda, director de Extensión Académica de CEU Andalucía y Encarnación Pérez, directora del área de idiomas de ESIC Sevilla.

El B1 insuficiente

Según los expertos, el nivel B1 no es suficiente en el entorno laboral.

La primera conclusión a la que se llegó en el encuentro es que el nivel B1 de inglés, necesario para conseguir un Grado, no es suficiente para enfrentarse a la vida profesional. «El concepto que define el B1 es que es un nivel adecuado para mantener una conversación de ámbito personal, pero no es un nivel académico. Es un perfil de cierta autonomía, pero sin que esta sea bastante para enfrentarse a ámbitos laborales», explica Norbert Busch, una afirmación con la que se muestra de acuerdo Auxiliadora Espinar, tajante al asegurar que el B1 «no es suficiente en el entorno universitario».

«Ninguna empresa te va a pedir simplemente un B1. El mínimo tendría que ser un B2», insiste Marta Fernández, que también se refería a ciertos perfiles, como el de comercio internacional o turismo, para los que «es necesario un C1». «Si el bilingüismo estuviese realmente instalado en las escuelas, los jóvenes llegarían a la universidad con más nivel que un B1», reflexiona José María González-Alorda, que apunta, sin embargo, que «el bilingüismo está aún muy débil, aunque institucionalmente se hable como si estuviese todo hecho».

Encarnación Pérez, por su parte, afirma que «el universitario es un perfil que, muy frecuentemente, se ciñe a lo mínimo que le exigen, así que una de las soluciones es exigir más nivel en inglés».

Bilingüismo

En cuanto a aprender inglés ya en la escuela e instituto, según José María González-Alorda, «si se hacen los estudios secundarios en bilingüe es perfectamente alcanzable entrar en la universidad con un nivel B1» y, por tanto, «exigir más durante la carrera». «Lo que hay es razonablemente bueno para que todo el mundo pueda obtener el B1 antes de salir de la educación secundaria, tendríamos que plantearnos si es admisible aceptar que entre alguien en la universidad sin el B1 conseguido en el colegio o instituto», reitera.

Norbert Busch puso el foco en otro de los problemas que sufren los universitarios a la hora de enfrentarse a un idioma: la actitud y la concienciación. «El alumnado que entra en la universidad es muy desigual, hay algunos que entran muy formados y otros a años luz del objetivo. A la mayoría se les escucha decir ‘me voy a sacar el B1’, y eso no debe ser así», explica. «Es muy difícil transmitirle a los jóvenes que un idioma no se trata de saber cosas, como en otras asignaturas. Un idioma es tener habilidades y no puede prepararse durante dos semanas como cualquier otro examen».

Inseguridad en la universidad

«Se cierran y se meten en asignaturas muy específicas», reconoce Encarnación Pérez. Auxiliadora Espinar reconoce el peligro de que «desaprendan la lengua». «Si entran en la universidad y no se les exige el B1 hasta el final, va decreciendo el aprendizaje. Habría que aprovechar los conocimientos que ya tienen cuando llegan», afirma.

Todo esto, según los expertos, lleva a un «cuello de botella» de alumnos que han aprobado todas las asignaturas y a los que únicamente les falta el B1 para obtener el título. «Aunque se les exige al final, pueden hacerlo en cualquier momento. El que lo deja al hasta el final es porque tiene inseguridad, y en ese momento se suma también la presión», detalla Norbert Busch.

Asignaturas en inglés

Por su parte, Marta Fernández explica que en EUSA, además de una Escuela en Español donde reciben y forman a los alumnos extranjeros, en los planes de estudio se ofertan un 40% de asignaturas en inglés. «Nos encantaría que fuesen las de español las que no tienen demanda, pero es al revés. Al alumno español le da miedo enfrentarse a una clase en inglés, así que hay que concienciarlos de lo importante que es y, poco a poco, sí que vamos notando que se van matriculando más en inglés». Si embargo, Marta Fernández sí nota que «ha crecido el interés del alumnado estos últimos años». «Hay cada vez más demanda de movilidad, de prácticas en el extranjero y de proyectos de inmersión lingüística», dice.

En CEU Andalucía, explica José María González-Alorda, también tienen muy claro que el nivel de inglés es fundamental para la formación de los alumnos, algo que potencian «forzando que haya actividades en inglés a todos los niveles, es una forma de presionar y de quitarles el miedo».

Uno de los objetivos es incrementar el nivel docente en idiomas.

Uno de los retos que se plantean las instituciones, afirma Auxiliadora Espinar, es «luchar por incrementar el nivel docente en idiomas». «Los profesores tienen que tener un nivel superior al que le exigimos a los alumnos y más si van a impartir una clase en otro idioma», afirma.

Y, aunque se muestran de acuerdo en que los idiomas son necesarios en todas las áreas, desde investigación a comunicación, turismo, ingenierías o perfiles sanitarios, plantean algunas en las que son «imprescindibles». «Es inadmisible que en el sector de la Educación la exigencia del idioma no sea máxima», reprocha José María González-Alorda, una situación que Encarnación Pérez apunta como «el problema de base del bilingüismo en las escuelas».

Métodos

Al poner sobre la mesa los métodos más eficientes para aprender idiomas, hay una opinión general: los métodos milagro no existen. «Lo que mejor funciona es la inmersión, irse fuera, y, a falta de esto, una clase de cualquier materia que se desarrolle en ese idioma», explica Encarnación Pérez. «Existen estudios sobre procesos de aprendizajes neurológicos que afirman que no se puede aprender lo que no se quiere. Lo que no cabe en la enseñanza de idiomas es una clase magistral, la lección debe ser motivadora, despertar la curiosidad del alumno», afirma Norbert Busch, que apunta que «aunque hace algunos años la enseñanza era de todo menos eso, ya se están dando pasos hacia adelante en ese sentido que están provocando cambios en la dinámica».

La movilidad, según los ponentes, es una de las claves para lograr que los alumnos vean los idiomas como algo cotidiano. «El hecho de que se haya incrementado la movilidad les hace desarrollar la capacidad lingüística. Los intercambios han crecido en los últimos años, la gente se mueve y se da cuenta de que necesita saber idiomas». «La movilidad es un catalizador, les conciencia y les abre los ojos», sentencia José María González-Alorda.

En cuanto a la sociedad, todos tienen claro que «cada vez hay más presión para saber idiomas». «No hay que verlo como algo negativo, sino como una oportunidad», afirma Norbert Busch. «No disponer de las competencias de una segunda lengua es ser, prácticamente, un analfabeto en la actualidad, por muy mal que nos suene», asegura Busch. «Si no sabes idiomas, hay una parte del mundo que está fuera de tu alcance. Todo se ha facilitado, ya no hace falta viajar, las otras lenguas vienen aquí», insiste.

«Si no tienes inglés estás fuera y, si lo tienes, eres uno más», concreta José María González-Alorda. «La clave es que los universitarios lo ven como una obligación, y eso provoca rechazo, está en nosotros concienciar a la gente de que no es así», insiste Auxiliadora Espinar.

La tercera lengua

«Un alumno está excluido si no sabe idiomas, y para que se dé cuenta podemos contarle cuáles son las ventajas de hacerlo: cuando pones en un currículum que tienes un nivel alto de idiomas estás contando muchas mas cosas sobre ti: que tienes capacidad de adaptación a lo nuevo, de cooperación y de superación», afirma Marta Fernández. «Una manera de motivar a la gente es que se den cuenta de que ya disponen de una de las lenguas más habladas del mundo, el español, y pueden acceder a otra. En la sociedad actual, los jóvenes no saben dónde van a acabar trabajando, y tienen que aprender a comunicarse para tener más empleabilidad. Tienen que perder el miedo al ridículo y lanzarse», asegura Auxiliadora Espinar.

Por su parte, Norbert Busch también se refiere al «negocio» que hay alrededor de los títulos oficiales de idiomas. «Matricularse en una academia que te dice que dentro de tres semanas estarás capacitado para obtener el B1 es un fraude, esto no funciona así», explica. «Saber un idioma requiere mucho aprendizaje práctico y no se puede hacer en un mes».

Respecto a incorporar una tercera lengua en la formación, Auxiliadora Espinar afirma que «hay que aprovechar los primeros años de vida, cuando hay plasticidad neuronal» para aprender una tercera lengua. Sin embargo, a otras edades tampoco es imposible y sigue siendo muy conveniente. Francés, chino, japonés, alemán…el idioma elegido depende, según explica Marta Fernández, «de en qué sector quieras centrar tu carrera laboral». «Saber un tercer idioma es, desde el punto de vista de la inserción laboral en el mercado, una herramienta enormemente valiosa que se puede aprender a partir de los 20 años o en cualquier edad», afirma Norbert Buch.

La opinión de los expertos

Norbert Busch, Director del Instituto de Idiomas de la Universidad de Sevilla.
El B1 es un nivel adecuado para mantener una conversación de ámbito personal, pero no es un nivel académico.

Auxiliadora Espinar García, subdirectora de Política Lingüística y Movilidad de la Universidad de Sevilla.
La clave es que los universitarios lo ven como una obligación, y eso provoca rechazo.

Marta Fernández Portillo, responsable Escuela de Español de EUSA.
Ha crecido el interés, hay cada vez más demanda de movilidad, de prácticas en el extranjero y de proyectos de inmersión lingüística.

José María González-Alorda, director de Extensión Académica de CEU Andalucía.
Es inadmisible que en el sector de la Educación la exigencia del idioma no sea máxima.

Encarnación Pérez, directora del área de idiomas de ESIC Sevilla.
Lo que mejor funciona es la inmersión, irse fuera, y, a falta de esto, una clase de cualquier materia que se desarrolle en ese idioma.